18 Feb 2012

En búsqueda de fuentes de energía alternativa.

Si se pudiera encontrar una manera de reciclar toda la energía sexual de este pueblo tan calenturriento y convertirla en recurso para iluminar, construir, empujar hacia adelante la vida cotidiana, nuestra realidad sería otra. Dicen que la energía siempre se transforma, y nuestra misión debe enfocarse en buscar la forma de que toda esa fricción no quede solamente en fricción. 

Por ejemplo, empezar aprovechando la oportuna geografía de las cabañas, todas juntitas replicando ecos de gemidos a lo largo de autopistas y kilómetros. Con unas antenas receptoras en los alrededores, se van captando los átomos que desprenden movimientos rítmicos, los trancazos de la madera contra la pared y el vapor... Todo eso recogido con la rapidez de quien echa el Mistolín. 

Se dice que un orgasmo podría recargar un inversor de inmediato. O mantener las luces neón del progreso encendidas. 

Otro punto donde poner antenas receptoras: en conciertos urbanos. Podrían asignarse personas con receptores portátiles que circulen entre los que perrean, y cada apretón, estrujón, chuleo y empujón sería fundamental. Tanto deseo contenido, tanta pelvis desesperada, para algo debe aportar.

¿Y qué se haría para recoger los Actos Individuales de Creación de Energía? Fácil, que lo paguen como impuestos. Si no tienen el pago listo para la fecha de corte, bueno, que aporten dinero o evadan, qué se yo. 

El acto sexual en esta ciudad, más que un placer vacío y animal, o más que un deber cristiano de procreación, sería un acto honorable y puntual de participación ciudadana. Imposible describir la sensación del deber cumplido en cada felación, sentir que nuestras conquistas tendrán su lugar histórico, saber que el desarrollo de una nación depende más que nunca de nuestra dedicación y con cuánto fervor querramos ser útiles a esta Patria. Seríamos un pueblo con nuestras necesidades básicas cubiertas, con servicios de agua, luz, distribución de alimentos y caminos vecinales asfaltados, algo considerado utópico hasta que tenga lugar esta revolución tan carnal. Un pueblo obviamente más feliz que en los brochures de Turismo. 

Por supuesto, declararemos el 14 de febrero como un feriado nacional, no sin antes cambiarle el nombre al Día de las Luces. 

¿Molinos de vientos para qué?