Santo Domingo degradante.
Santo Domingo es degradante. Una ciudad en crecimiento disparejo, como un adolescente que no se lo espera, una ciudad que drena la energía de sus habitantes medio ciegos y se alimenta de las esperanzas de todos. ¿Por qué pienso así?
Pongamos que estás en Santo Domingo y quieres ir a trabajar, estudiar, progresar o dispersarte. Tienes, hasta ahora, tres opciones para llegar del punto A al punto B: transporte público, a pie, carro propio.
Imaginate tratar de mantener una actitud positiva al llegar a tu meta cuando el camino consiste en gente sudada apretándose a tus ganas de tener un buen día, susurrándote estrofas del Gobierno de la Mañana, metiendo la mano en tu bolsillo a ver si encuentran el sustento ajeno. Imagínate caminar por aceras medievales con alcantarillas abiertas, o peor, imagínate ser mujer y caminar por los pasillos de una iglesia de buitreros que te bendicen y seducen con poemas repetidos y juzgan tus nalgas por salir en shorts en un intento vano de combatir el calor del peatón. Imagínate sacar tu carro en verano y rezar para que no llueva, porque desde que llueve todos se convierten en hormigas voladoras daltónicas incapaces de manejar; mete tu carro en boquetes, desármalo entero, vuélate el semáforo, choca un motorista y como quiera llegarás tarde a tu meta.
Pobre de tí si estás en Santo Domingo y te atrae el arte y la cultura, porque la escritura está en la burla diaria de los periódicos, la música es el dembow, la pintura es un graffiti de pene en la pared, la arquitectura es una instalación para mantener las frituras calientes, la escultura es una voladora que desafía toda ley de gravedad, la danza es el perreo y el cine es salir un momento a la calle y girar la mirada en 360 grados para asimilarlo todo.
Protesta por temas gubernamentales que escapan de tu dominio y se burlarán. Indígnate porque todos los días te roban y te aplastarán. Habla con ciudadanos desesperanzados, y ellos te escucharán, estarán de acuerdo contigo y alzarán la voz, pero de discusión de sala de espera no pasará.
Imagínate ser honesto y perfeccionista en Santo Domingo degradante. Es como guiar a una mula hacia un barranco, y no hay nada más que explicar.
Sin embargo, Santo Domingo da oportunidades de triunfo a quienes conocen a las personas indicadas. Sólo los políticos y los ricos de siempre conocen el Santo Domingo sibarita, de semáforos abiertos, de luz 24 horas y de aviones que te llevan a otros Santo Domingos paralelos. Sin rifas ni sorteos. Hay que saber dónde chupar para que Santo Domingo sepa más bueno.
Dicen que RD es uno de los países más felices del mundo y yo se lo creo, porque en el campo la vida siempre es más simple y en la ciudad todo el mundo bebe. Beber, comer, salir todas las noches y bailar, los placeres que nos ofrece Santo Domingo degradante a cambio de nuestra dignidad.
Al final, si crees que en realidad tuviste un buen día, llegas a tu casa iluminada por un inversor, pero iluminada, y te das un baño con agua caliente, pero caliente porque el tinaco estuvo todo el día al sol, y te acuestas a dormir acariciado por la brisa playera de tu KDK, y sueñas con que hay un futuro mejor, pero el sueño tiene un error de continuidad, y es que sigues en el Santo Domingo degradante de la realidad.
